El expresidente hondureño Juan Orlando Hernández era considerado por Estados Unidos un aliado crucial en la guerra contra las drogas. Ahora, los fiscales federales lo acusan de gobernar su nación como un narcoestado al recolectar millones de dólares de violentos cárteles para financiar su ascenso al poder.
Casi dos años después de su detención y extradición a Estados Unidos, Hernández compareció el martes ante un tribunal federal de Manhattan por cargos relacionados con tráfico de drogas y armas. Se ha elegido un jurado y las declaraciones iniciales estaban previstas para el miércoles, en un juicio que el juez P. Kevin Castel prevé que durará entre dos y tres semanas.
Es una estrepitosa caída en desgracia para un dirigente político a quien gobiernos tanto demócratas como republicanos consideraban beneficioso en la lucha contra el narcotráfico y para ayudar a detener las olas de migrantes que llegan a la frontera sur de Estados Unidos.
El hecho de que Hernández sea juzgado en Estados Unidos y no en su país natal subraya la debilidad institucional de la nación centroamericana, afirmó Raúl Pineda Alvarado, un analista político hondureño y exlegislador por el Partido Nacional, al cual pertenecía Hernández.